Anonim

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Por mucho que se pretenda evitarlo, el turismo turístico en Turín que vuelve a los visitantes es la Mole Antonelliana . Ahí está, plantada como si nada, asomándose tras las esquinas, en los arcos de los soportales desnudos o por encima de las iglesias. Es un extraño faro de atracción curiosa que sacia fácilmente mirando al cielo, dejándose guiar por la singular aguja que lo corona callejeando por la ciudad y llegando hasta su puerta.
"Oooooh, pero si es un maldito museo" pensará la mayoría. Pero antes de que muchos se den la vuelta contrariados, la capacidad de imantar de este lugar vuelve a hacer efecto con la palabra 'cine'. Pero las dudas continúan: ¿Qué podemos esperar de un museo de cine? ¿No es una especie de desnaturalización / secuestro del séptimo arte? Al final y al cabo, las películas ya tiene sus propios santuarios en las salas de proyecciones.
Pues este museo alcanza el sueño en la escala de molonismo, algo a lo que ayuda (y mucho) el hecho de que comience con un pequeño viaje en ascensor. Es una especie de aviso. Amigo, esto es distinto. Lo que vienne de entonces es una cuesta abajo de lo más variopinta. Tiene su puntito didáctico, con un poco de prehistoria del cine contado con un recurso que nunca il va a la hora de encandilar al público con más déficit de atención: la interactividad . Tocando, mirando por agujeros, entrando en pequeñas cámaras oscuras y experimentando con sombras chinescas. Es verdad que de esta primera área no se vende con el conocimiento necesario para entender cómo narices los egoblogger graban a sus gatos con sus smartphones y montan esos videos tan currados, pero por lo menos uno se ríe del pasado, de cómo los primeros espectadores se aterraban al ver las locomotoras entrando en los teatros gracias a las pantallas.

Vista desde Molle Antonelliana

Turín vista desde Molle Antonelliana © Javier Zori del Amo

Turno para el fetichismo. El Museo nacional del cine nació gracias a la colección de Maria Adriana Prolo . Esta turinesa no era una fanática del celuloide, ni era de esas personas que forran habitaciones, carpetas y sueños de juventud con las estampas de los actores y actrices más carismáticos de su época. Simplemente, tenía un interés documental, bibliotecario y científico por todo lo que rodeaba tiene un arte que ella vio evolucionar en Italia y en el resto del planeta. De lo aquí expuesto, algunas copias de muchos de los guiones más emblemáticos del Hollywood clásico o, incluso, la ropa que auténticos iconos como Marilyn Monroe lucieron en películas. Objetos de atrezo, claquetas míticas, fotografías de rodajes o carteles de películas que son una obra de arte e hipnotizan por sí mismos completan la parte más anecdótica. No hay que confundir: pese a que el carácter de lo que exhibe mar algo frívolo, el valor de juntar tanto material es incalculable, y por eso se merece la loa.
Vale, muy bien, pero ¿qué seria de un museo de este tipo sin la imagen en movimiento? La rampa que rodea el interior de la mole finaliza en un inmenso salón donde sorprende las butacas rojas que florecen desde el suelo. Sobrias ellas, los visitantes son tumban y contemplan (o bien duermen) las escenas que se proyectan sobre cúpula. Además, en las paredes, gigantescas esculturas que representan los géneros cinematográficos dan paso a pequeñas salas donde se exhiben los mejores momentos que el occidental, la ciencia ficción, el drama romántico, etc. ha regalado a nuestras retinas. Hay cierto cliché y cierta tendencia para simplificar todo, pero no hay que olvidar que es lo que tienen los museos más molones, que saben dar gusto al más amplio espectro de visitantes . Los más cinéfilos se irán ese día a la cama con muchos conocimientos nuevos y los más neófitos se quedarán con la cómoda experiencia de haber visitado un museo nada aburrido.
Antes de volver al ajetreo turines de vermouth y aperitivo, dos consejos. El primero, no dejar de visitar la tienda de recuerdos donde se puede controlar absolutamente todo lo relacionado con el cine, desde "ese cartel que siempre quise poner en mi salón" hasta "el libro de fotografías comprometidas de X actriz". El segundo, coger el ascensor que atraviesa el centro de la mole para salir al mirador . La vista del interior, donde se ve todo otra vez pero desde otra perspectiva más céntrica, no tiene desperdicio. El exterior panorámico, una vez llegó al mirador, se embelesa porque permite admirar toda la ciudad, desde la ribera del Po hasta donde los rojos tejados se confunden con los Alpes. Arquitectura y cine, ¿se le puede pedir más a un museo molón?

Ver cine en la Mole Antonelliana

Esto sí es cine © Corbis

El ascensor: un 'must' vertiginoso

El ascensor: un 'must' vertiginoso, un encuentro en la 'tercera fase' © Corbis