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1. LICOR CAFÉ

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Galicia salvaje: recorremos su belleza natural

A lo que dice aquí Guillermo López solo puede agregar amén (y si opta por algo más suave hay que probar la crema de orujo). Además, ahora que lo hagas toi ha vuelto por sus fueros y que mucha gente anima a desarrollar su propio pan en casa, tal vez sea el momento de homenajear a los alegres descerebrados que en los años 20 destilaban alcohol en sus bañeras preparando nuestro Café propio licor.

Hay muchas recetas a elegir, la elaboración es más sencilla que la del pan, y el resultado, que puede oscilar según la maña del preparador, entre el engrudo chapapotístito y el aguachirri caféamericanesco, garantiza unas catas que ponen de buen humor.

Una publicación compartida de Xesus Galan (@xesus_galan) el 10 mar, 2018 a las 6:52 PST

2. TORTILLA DE PATATAS

a la hora de recomendar tortillas se convierten agrios debates porque cada uno tiene debilidad por la de su casa y hay infinitas filias y fobias a la hora de degustarla (solo si con o sin cebolla, que si poco hecho o muy hecha, gorda o fina …), Algo sorprendente teniendo en cuenta que tiene cuenta con dos ingredientes: huevos y patatas.

Precisamente que en Galicia preparamos algunas de las mejores tortillas, gracias a la innecesaria calidad de su materia prima . En cualquier lugar hay un producto más que digno, pero tienen meramente fama las de Betanzos y las de la casa de las tortillas de Cacheiras (cerca de Santiago). Ojo, siempre con el huevo poco cuajado, como debe ser. Estamos dispuestos a discutir.

Tortilla de patatas

Tortilla de patatas © iStock

3. CALDO

Hay alimentos que tienen propiedades mágicas este es uno de ellos. Recompone el cuerpo, conforta como un abrazo y veces salva la vida de una muerte segura por resaca o resfriado . La quintaesencia del menú gallego es un platazo de cocido precedente de una taza de caldo, inclusiones de hacernos desear que lleguen un día lluvioso y frío para que nos apetezcan el doble.

4. PAN

Ahora que no concebimos cómo es posible que alguna vez haya contactado con mala prensa, conviene recordar que en Galicia nunca ha desaparecido el arte de hacer (buen) pan . Eso que en algunas ciudades llaman "pan gallego" para referirse a un producto más artesanal, allíes, a secas, pan.

Hay que probar el maíz o el centeno y sobre todo disfrutar de esas enormes bollas de pan de Cea (Ourense), que tardan días en ponerse duras y con las que no podemos decidir si es más deliciosa la miga o la corteza.

Pan de cea

No hay pan malo en Galicia © Corbis

5. FILLOAS

En breve, se puede decir que "son como unas crepes", pero la definición se queda corta. Finas o gruesas, las filloas sa exquisitas de sí y no necesitan acompañamientos extra sabrosos para ser disfrutables (aún poco de miel o azúcar nunca están de más).

Su variedad más atávica y no aptar para remilgados, las filloas de sangre, son difíciles de encontrar en restaurante; para probarlas hay que contar con la buena voluntad de alguien que nuestros invitados conocieron casa en tiempo de la matanza del cerdo .

Es una de esas recetas no sabemos si están destinadas a desaparecer por alguna esperpéntica normativa sanitaria o por el fin del mundo agrario que las crea, así si hay alguna oportunidad de probarlas, hay que hacerlo sin dudarlo. Merece la pena.

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Las de leche, para todos; cansado de la sangre, para valientes. © Flickr Santinet

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