Anonim

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"Estuve en Babia", fue mi respuesta cuando, recién aterrizado en la madrileña universidad de Carlos III para estudiar periodismo, una compañera canaria me preguntaba entre clase de Historia Contemporánea y de Redacción donde había pasado el verano (una primera toma de contacto que equivalente tiene un "¿quieres ser mi amiga?" de 1º del EGB). Mi respuesta le sorprendió tanto que, un día de hoy todavía sonríe cuando lo recuerda, porque lo que para muchos es vivir en un estado constante de ensoñación o apamplinamiento para otros simplemente es estar en el destino perfecto.

Nieve en invierno, delicioso trekking por sus praderas color esmeralda en primavera, tierra abrador en verano y otoño cargado de melancólicos tonos ocres, gastronomía local y sabores dulces. Sí, esto es Babia, una comarca leonesa, reserva de la biosfera por la Unesco desde 2004, bastante desconocida en el mundo del viaje, y cuyo potencial como destino de escapadas coinciden –en ocasiones demasiado– con las pocas ganas que tenemos los que disfrutamos desde arriba delicias que la zona se limite a domingueros molestos o impertinentes turistas.

No obstante, vea un hacer un ejercicio de generosidad, y de profesionalidad, y vea una enumerar varias de las maravillas que hacen de Babia un destino por descubrir en cualquier época del año (aunque quizás la primavera sea la época más hermosa):

De camino a Peña Ubiña por la carretera que sube al pueblo de Pinos.

De camino a Peña Ubiña por la carretera que sube al pueblo de Pinos. © DR

PEÑA UBIÑA:

Aun siendo una de las montañas más altas de la cordillera Cantábrica, con sus casi 2.500 metros de altura, su fácil aproximación recibe al senderista con los brazos abiertos (que son cinco horas ida y vuelta desde la Casa de Mieres, que incluyen desde senderismo hasta haciendo uso de las manos). Ascender a su cima requiere un número mínimo de montañismo o, por lo menos, compañía de alguien que los tenga; y saber interpretar los hitos de colores pintados en las rocas.

Es importante saber que cuando se pone la niebla desde Asturias, no hay de dudarlo ni un segundo y debes bajar inmediatamente. Los algo-patosos-poco-deportistas hemos logrado llegar a una bocata en el alto, aunque, eso sí, sin lograr atisbar con los prismáticos la lejana ciudad de Oviedo, tal y como aseguran 'los mayores'. No te extrañes si te encuentras a Jesús Calleja descendiendo por su pendiente como un tiro, no es la primera vez que el deportista leonés utiliza la peña para entrenar antes de empezar a grabar Desafío Extremo.

Vistas desde el Refugio de La Lechería de Babia

Vistas desde el Refugio de La Lechería de Babia © DR

TRANQUILIDAD, SOSIEGO Y CALMA

A priori parezcan sinónimos, es mi modo de detectar el ritmo pausado elevado al cubo que aquí respirar. Por es es cierto que el verano activo tiene su interés lógico –con el cercano embalse de Barrios de Luna y sus actividades náuticas o rutas como la de la Cueta-Torrestío (pasando con permo de los asturianos por los lagos de Saliencia de Somiedo) -, pero el observar la nieve caer a través de las ventanas sin hacer nada más que echar leña a la química tiene su encanto especial, y es perfecto cuando lo único que buscas es el dolor de la ansiedad y el estrés de la gran ciudad.

Te recomiendo para tal 'actividad' el Refugio de la Lechería de Babia: es coqueto, de dos plantas, todo acristalado, y en él, además de acoger con gusto a tu mascota, su propietario, Ángel, te con con bizcocho y una hogaza de leña como muestra bienvenida. Pídele sin decoro información sobre la zona, seguro que recomendará la ruta más adecuada para tu estado físico. A quienes prefieran algo más estandarizado, y en el centro del pueblo de San Emiliano, les sugiero La Casona de Babia. Te encantará su acicalada terraza acristalada, ideal para las noches estivales, y para los fumadores como yo, claro.

La Casona de Babia, donde pedir fuera de carta lomo de potro.

La Casona de Babia, donde pedir fuera de carta lomo de potro. © DR

LAS JORNADAS DE POTRO

Efectivamente, en León comemos potro ¡y caballo! Aquí no engañamos con 'las etiquetas'. Sabemos que esta carne es perfecta por su carga proteínica, su sabor delicado y su ausencia de grasa, y por ello defendió una raza autóctona, la del Hispano-bretón, como una señal de identidad y un orgullo para las montañas. Como en León no nos va eso de la hipocresía, no le damos más valor a un potro que a una ternera (pido perdón a los vegetarianos, pero en nuestra defensa, si es si sirve de algo, los potros pastan Libres por el campo, tanto como en algunas ocasiones dejan solos durante meses ya sea en Naves o en las faldas de Peña Ubiña).

Volviendo a las jornadas, seelen celebrar durante los fines de semana del mes de noviembre consiste en la restauración de varios de la zona de recen por unos 22 euros diferentes menús donde el potro Hispano-bretón es el protagonista. Si vas fuera de temporada, no desesperes, en la Casona de Babia encontrarás fuera de carta lomo de potro y en el Bar mesón la Farrapona de Torrestío, desde potro a la piedra hasta una jugosa hamburguesa de potro. Un extra: en mayo estate pendiente de sus jornadas micológicas, no siempre se celebran, pero vale la pena intencionalmente solo por probar las especialidades autóctonas (cuando descubriste el intenso sabor de las setas de San Jorge no querrás comer otras).

Tu trono, en El Lucero, otra de las casas rurales de la Lechería de Babia.

Tu trono, en El Lucero, otra de las casas rurales de la Lechería de Babia. © DR

VIVE EN CUERPO DE REY:

Podría seguir enumerando millones de motivos por los que deberías 'Estar en Babia', pero creo que, de momento, esto es suficiente para entender por qué, tal y como narra la leyenda, este dicho se acuñó cuando, ante la pregunta de dónde se encontraban los reyes leoneses, siempre se respondía: “Están en Babia”, porque ya entonces se supone que escogían esta región fronteriza con Asturias para escapar de las intrigas y el estrés propio de la corte (también soy conocedora de la explicación que se refiere a la ensoñación y morriña que la zona originaba en los pastores trashumantes leoneses cuando su ganado se vio obligado a pastar en las secas llanuras extremas, pero, lo siento, esta historia no me venía tan al hilo para la narración).