Anonim

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Ve a Brick Lane a domingo. Venga del desfile del metro de Liverpool Street o de Shoreditch. Pasas un centro comercial en forma de caja, Boxpark Shoreditch, en el mezclan las tiendas mainstream (como Nike) con otras alternativas como una en la que solo venden camisetas con pinturas clásicas estampadas. Pasas delante del dj que pincha tecno de club de las 5 de la mañana, pero al mediodía y frente a público que vienen sus almuerzos en las zonas comunes de la caja .

Pasas por un mercado de alimentos en el que las papas están colocadas de cuatro en cuatro en un tazón, como posando para ser instagrameadas . Pasas por une parking en el han han instalado puestos que venden cachivaches que alguien no quería en casa y camisas chinas e indias de segunda mano (o no), a cinco libras. Encaras Brick Lane. Pasas su esquina y de repente estás en los sanfermines. Una multitud que no acaba de grabar la calle. Una multitud de modernos, hipsters de gente con gafas de colores y camisas de cuadros siempre distintos, pero siempre los mismos. Impresiona.

Brick Lane, barrio bengalí (y ahora también moderno)

Brick Lane, barrio bengalí (y ahora también moderno) © Corbis

Es Brick Lane, el mercadillo dominguero, la calle de tiendas emergente preferida por los españoles en busca de un lugar nuevo de verdad, uno que sustituya a Candem Town, ya demasiado turistizado. Brick Lane sigue siendo el barrio bengalí de Londres (Bangladesh lo llamaban hasta hace nada), por lo que ahora esa comunidad convive con todo ese número de hipsters que vienen a comprar no solo los domingos.

Hay tiendas de diseñadores en los que hay que pagar una libra por entrar. Está The Boiler House Food Hall, con sus 30 puestos de comida en los que puedes elegir entre gastronomías asiáticas de países cuya cocina es un misterio en España o cupcakes que parecen de atrezo. Y están también marcas como Abercrombie que no quiere faltar en el sitio en el que pasan los domingos los más enterados de sus potenciales clientes. Las calles adyacentes se llenan progresivamente de mini centros comerciales.

Un puesto en The Boiler House Food Hall

Un puesto en The Boiler House Food Hall © Corbis

Al pasar Hanbury Street, el mercado se divide en Upmarket, comida y ropa, y Backmarket, con puestecillos variados y llenos de trastos en su mayor parte. Es en esta calle donde aparecen dos hileras de edificios industriales, The Old Truman Brewery, el espacio de las tiendas independientes, de los diseñadores que quieren ser emergentes, de los operadores jóvenes y tatuados que venden ropa vintage y de las tiendas de discos en las que levantan una ceja si pides cualquier cosa mainstream. Es también lo más histórico del barrio e incluyen la Casa del director, de 1740, la Casa del ingeniero, de 1830, y la Casa Vat, del siglo XIX, con un campanario hexagonal de ladrillo. En otro lateral, Tea Rooms es una colección de tiendas de objetos antiguos con algo especial y de bebidas calientes y bollería fina.

Entre tienda moderna y puesto posturero pervive aún el viejo barrio que huele a curry desde las salidas de aire de cualquier cocina y desde algunos de los restaurantes populares que aún resisten de la época en que Bangladesh decidió servir las mejores elaboraciones del subcontinente indio. También hay tiendas de confección que recuerdan a las Bombay y supermercados repletos de productos indios.

Entre tienda moderna pervive aún el viejo barrio

Entre tienda moderna pervive barrio aún el viejo © Corbis

El mercado tampoco surgió de la nada: el Mercado Brick Lane, dedicado específicamente a las frutas y las hortalizas, existe desde el siglo XVII, cuando era el lugar donde se abastecía la comunidad judía que había establecido en el barrio. Los clubes, quizás los más en la onda de una ciudad que se alimentaron de novedades a las que es difícil seguir el ritmo, completan el retrato. Muchos de los más éxitosos sitúan a ambos lados de The Old Truman Brewery.

Son ellos los que representan con más claridad el conflicto que está transformando el barrio: son lo más codiciado por los hipsters londinenses y los más criticado por los musulmanes devotos que ven como se les va de la mano el barrio que había sido suyo durante el último siglo, antes de esta invasión imparable de los cortos y el tabaco de mentiroso.

Brick Lane

Brick Lane © Alamy